martes, 14 de abril de 2009

Tu Remedio Es Veneno, No Lo Quiero.

¿Conoces esas noches de angustia insoportable, ese dolor en las entrañas por esta vida que se siente tan fría, tan hueca, que ningún ansiolitico es capaz de aliviar?¿Y esos días con la mirada perdida en erráticos pensamientos, con la cabeza hinchada, con la piel pegajosa, donde todo se vuelve insoportable? Y entre la confusión se parece sentir con una extraña lucidez algo así como una deuda que no se puede pagar salvo quitándose la vida...

"La hipo-manía, ciertamente, antes de mi "crisis bipolar", era mi forma de ser. Inquieta, nerviosa, parlanchina, encantadora... luego descubrí que la medicina dice que eso no es "normal", que ser sincero en cualquier ocasión es una enfermedad en sí misma y tantas otras tonterías. Un niño gozando de la vida y riéndose es un pequeño maníaco, para este mundo tan amante de las etiquetas. Un día me etiquetaron: bipolar. Y me encerraron. Y aquí la culo inquieto empezó a pasarse días y días sin tener fuerzas para salir de la cama. Con pastillas. Sin pastillas. No se iba. No se fue. No se ha ido.

Hola, me llamo kolokada, y por si alguien no lo había notado, soy adicta a las benzodiacepinas, la parte del insomnio es de las que peor llevo, sobre todo cuando estás delante de un psicólogo de la SS, temblando y viendo cosas porque llevas 9 días sin conseguir pegar ojo y te mira como si le estuvieses soltando una fula tremebunda. Ayudar no ayuda (ese día en concreto me recomendó que acudiese al Teléfono de la Esperanza por toda terapia). Las pastillas adormecen. Pero el problema sigue. Y la necesidad de adaptarse a un ciclo productivo, lo aumenta.

En quince días espero que mis manías sean eso, mis manías, y no producto de ningún tipo de "estabilizador del ánimo" (que para eso sirven, en mi caso, los antiepilépticos). En mi cajón sólo quedan 2 benzodiacepinas. Y no pienso volver a la consulta del psiquiatra en mucho tiempo. Espero que al menos me de por estudiar esperanto entre que no pego ojo, pero la ansiedad que me produce saber que querré dormir, y no podré, y pasará otro día, y me sentiré fatal, y no dormiré, y querré dormir y pasará otro día y... acojona."

Dulce locura, amarga es la cura.

Los psicofármacos... la solución a todos nuestros males, curioso como lo que parece ser la cura, no es más que otra enfermedad.
"Kolokada" es sólo una de las tantas personas bajo tratamiento psiquiátrico, la diferencia, ella se dio cuenta de la farsa que traían detrás.
Nadie quiere en una sociedad ordenada y civilizada, alguien incivilizado, anormal. Por lo tanto a las personas que no cumplen con las normas y pautas establecidas, se les debe colgar un cartelito, medicarlos y si es necesario encerrarlos, no vaya a ser que el virus se expanda y todos se vuelvan ingobernables e incivilizados. Pero primero es necesario convencer a la persona de la existencia de la enfermedad mental, y quizás no exista, pero a la larga termina siendo tan real como el hecho de que aquello a lo que llaman locura, no es más que un invento.
Más allá de lo que nos hagan creer, los psicofármacos, al igual que las drogas, no solucionarán nuestros problemas, o harán desaparecer mágicamente los trastornos, en definitiva, la enfermedad mental va a seguir existiendo (siempre y cuando exista una enfermedad mental realmente), lo que hacen es eliminar temporalmente los efectos perjudiciales que la enfermedad o trastorno pueda tener sobre nuestra mente y nuestro cuerpo.
Genial, no tenemos más migrañas, ni insomnio ni cefaleas, ni nauseas, ni depresión, ni decadencia, pero ¿que sucede cuando dejamos de consumir los medicamentos? Ah, si, aparece la desesperación, vuelve la ansiedad, la depresión, los delirios, o lo que sea que se estuviese tratando, vuelve, y mucho peor, vuelve acompañada de la necesidad desenfrenada de consumir el medicamento para seguir viviendo, como única "solución" posible, de lo contrario no podemos vivir, entonces es mejor suicidarse. ¿A que me recuerda? Si, a las famosas drogas ilegales, fíjense ustedes, tanto que confiamos en nuestros ángeles guardianes los médicos.
Sin los medicamentos volvemos a ser los seres anormales que la sociedad tanto rechaza, sin los medicamentos volvemos a sentirnos mal, deprimidos, y como no se nos acepta así, anormales, debemos seguir consumiendo los medicamentos que nos "normalizan", los milagrosos medicamentos que te salvarán la vida, cuando irónicamente te la están quitando, y mientras los medicamentos te quitan la vida, los señores médicos se llenan los bolsillos con tu sufrimiento.
Al Estado no le alcanza con negociar tu vida, tu cuerpo, tu mente, controlarla, enfermarla, destruirla, sino que para variar, después de enfermarte, te vende veneno como cura, veneno que si no se compra, se paga con la vida, miles de suicidios, provocados por la abstinencia a los psicofármacos, sin mencionar las muertes directas debido a los efectos secundarios de los psicofármacos sobre el organismo.
Ni psicologxs, ni psicoterapeutas, ¿en donde esta la cura entonces? Parece que en nosotrxs mismxs, y quienes sigan confiando en quienes no deben confiar, sólo encontrarán más oscuridad, una oscuridad eterna y total...

miércoles, 25 de marzo de 2009

La Lección De Hoy: Poner entre barrotes tu cerebro.

Buenas tardes alumnos, hoy les voy a mostrar como crear seres sumisos, como inyectar miedo en las venas de cada uno de ustedes, y como funciona la opresión.
Primero les voy a inculcar lo que se debe y no se debe hacer, es muy probable que mucha de las cosas que no se pueden hacer, vayan en contra de lo que quieren hacer, pero eso no importa, no importa lo que ustedes quieran, sino lo aceptan así, van a recibir un castigo.
A continuación les voy a imponer una serie de valores, pautas y normas de comportamiento, acompañado de ello va lo que está bien y lo que ésta mal, esto formará la moral, que por supuesto van a respetar obedientemente, de lo contrario, recibirán una sanción por parte de la sociedad.
Claro que las principales son las normas jurídicas (leyes), que tienen su base en lo moral, algo fundamental, nadie quiere leyes que vayan en contra de la moral ¿verdad? Estas deben ser cumplidas sin excepciones, de lo contrario se recibirá una pena propiamente dicha, la calle, la cárcel o la muerte.
Las autoridades se encargan de que todo esto funcione a la perfección, cualquiera que actúe en contra de las autoridades, atentando contra el orden social, contra la civilización, será reprimido.
Recuerden, estamos en un país libre, pero las autoridades tienen la verdad, nosotros no somos más que sus títeres, los seres inferiores, como ustedes, incapaces de gobernarse por si mismos, deben amarlos, y obedecerlos, de lo contrario, un castigo.
SILENCIO! No, no se puede hablar en clases, no pueden reír, gritar, opinar y sobre todo no pueden pensar por ustedes mismos, solo pueden repetir como loros lo que algún sabio (fascista) dijo hace algunos años, y no importa si les gusta o no, o si prefieren estar haciendo otra cosa, no importa si están de acuerdo o no, porque en esta clase, yo soy la autoridad...


Odio Y Desobediencia.

Castigos, penas, sanciones, miedo, sumisión y un silencio ensordecedor, recorren las aulas y nuestras vidas durante seis horas, de lunes a viernes, eternamente.
Prohibido pensar, prohibido jugar, prohibido reír, prohibido ser libre, prohibido vivir, prohibido, prohibido, prohibido.
Cárceles! Llama a tu carcelero maestro! Tu aula no es más que otro futuro cementerio.
Enséñame algo nuevo. Todos los años lo mismo, los mismos idiotas de siempre, la misma mierda, las mismas mentiras, las mismas guerras por las mismas estupideces de siempre: poder, ¿poder para qué? Para destruir, para destruirnos, y ellos llenarse los bolsillos, solo para eso.
Enséñame a decidir y a valerme por mi misma, pero no decidas por mi, no establezcas ni me impongas cosas que yo nunca tuve libertad para decidir.
Enséñame a destruir el miedo, pero no, si tu eres unx de lxs que me lo inyecta. Nos inyectan el miedo en las venas, para que no podamos movernos, para que no podamos actuar, para dejarnos helados sin hacer nada.
Solo nos enseñan a ser inferiores, a depender de las autoridades: obedece a tus padres, al papa o al presidente, pero nunca te obedezcas a ti mismx.
Nos muestran lo que quieren, no les conviene que haya otras fuentes de información, nos tratan como juguetes, está claro que las personas son vistas como un objeto más del cual extraer beneficios, y sino les brinda beneficios, entonces hay que desecharlo.
En el aula frustración, desesperación, asco. Los alumnos allí sentados, escuchando atentamente las palabras del pasado, que honestamente poco les va a decir de la realidad, ya que está todo disfrazado, endulzado para que no reconozcan la mierda en la que vivimos.
Obedientes y sumisos, recitando las palabras del culpable de esta democracia etérea, del culpable de esta gran prisión, o del culpable de que se pudra la tierra, nadie protesta, nadie dice lo que en verdad piensa, porque en verdad no piensan, solo repiten el pensar de otros.

Todxs sabemos que el sistema educativo tiene como único fin crear seres capacitados, para que luego sean esclavizados y utilizados como maquinas para enriquecer el Estado y llenarle los bolsillos a los burgueses.
Esta capacitación puede ser vista como el proceso de socialización que se da desde que nacemos hasta que morimos, y que quede bien claro, este proceso implica someterlos a sus órdenes, controlarlos, manipularlos, imponerles toda una serie de pautas, normas, y leyes, ideas y valores que nosotrxs no elegimos, esto para que nos podamos adaptar a la sociedad, respetar las autoridades, y brindarle beneficios al Estado.
Como consecuencia obtenemos seres civilizados, sumisos, socializados, listos para entrar a otra gran prisión: el trabajo.
Por otro lado obtenemos seres infelices, hipócritas, fascistas, egoístas y ambiciosos, nunca les alcanza
con lo que tienen, por algún extraño motivo siempre quieren más, será, digo yo, para llenar su vacío existencial.
Bueno resulta que yo no tengo interés en ser una de esas personas, resulta que no quiero ser ni maquina, ni mascota, ni herramienta, ni propiedad privada de nadie, también resulta que no me interesa darle nada al Estado, incluyendo mi vida, mi fuerza vital, o mi capacidad de razonar. Quiero mi libertad y no voy a pedir permiso para tomarla.

La naturaleza nos llama, los pájaros cantan sobre los árboles que florecen, nos llaman a jugar y a cantar con ellxs.
No queremos estudiar, ni trabajar, queremos jugar, no queremos crecer y convertirnos en adultos aburridos y responsables. Queremos vivir y ser para siempre niñxs! Involución cultural ahora! Fuego a las escuelas! Fuego al sistema! Todas las prisiones en llamas!

El Paraiso Perdido.

El infierno no es solo un lugar, es también un estado. Un veneno que llevamos dentro de nosotrxs.

En el origen de las cosas, antes de que existiera el tiempo y el decaer, toda la Tierra era un Edén.
Las criaturas que habitaban aquel mundo feliz, eran seres dobles, compuestos por un enorme y robustísimo gigante que siempre llevaba, cabalgando sobre sus hombros, a un delicado y bello enano. Vivían ambos socios en simbiosis perfecta y en la más completa comunión de los espíritus: ni siquiera necesitaban hablar para entenderse y por lo mismo el verbo no existía. El genero tampoco existía, eran al mismo tiempo gigantes y gigantas, enanos y enanas.
Nunca se sentían solos, ni mal interpretados, ni desdichados, ni poco queridos. Paseaban, gozando de las dóciles panteras de uñas curvas, de los pájaros multicolores y de los osos mansos, de soles deslumbrantes que no daban sofoco y lluvias perfumadas que apenas si mojaban; de días siempre suaves y momentos dulcísimos.
En aquel mundo original el tiempo no existía: todo sucedía en el mismo suspiro indefinidamente. Por eso, porque no había mañanas ni noches, horas ni minutos, tampoco existía la memoria. Estas criaturas vivían en un presente continuo carente de recuerdos y de proyectos, y así eran felices, con una felicidad que hoy no podemos imaginar, pura y sin límites. La dicha absoluta de los inocentes.
Pero había una pareja que se sentía especialmente unida. Tanto amaba el enano a su gigante, tan feliz estaba con él, que empezó a experimentar una rara desazón, la ambición de no olvidar todos esos dulces momentos que pasaban juntos. Y lo intentó con todas sus fuerzas, intentó el enano grabar en su cabeza los instantes de dicha y recordarlos. Pero todo intento resultaba inútil, porque una vez vivida la vida se borraba. Hasta que un día el enano inventó una estrategia, tomó una corteza seca y la tinta de una baya, y pintó la escena que estaba viviendo con el gigante, en la piel del árbol.
El truco funcionó y aquel instante se convirtió en un pequeño recuerdo que se instaló en la cabeza del enano. Picaba el recuerdo allá adentro, palpitaba en el interior del cráneo, y a esa primera memoria se iban añadiendo otras, pegotones de memorias diversas que iban conformando una pelota informe.
Cuanto más crecían sus recuerdos, más turbado se encontraba el enano; porque ahora buceaba en esos instantes de dicha ya pasados, y comparaba unos con otros, y le parecía que el presente ya no era tan bello como lo que fue o lo que podría ser.
Entonces empezó a sentir una nueva inquietud, como si tuviera un pájaro dentro del pecho, un pájaro grande que no tuviera sitio para extender sus alas. Se removía ese pájaro oscuro dentro de sus costillas, dejándole al enano sin aliento; hasta que al fin toda esa presión tomo cuerpo, y subió a su boca, y era un deseo: el enano deseaba que el gigante le manifestará su cariño más claramente.
La quemazón del desear era totalmente nueva para el enano, de modo que transportó el deseo en la boca durante cierto tiempo, dándole vueltas y mordisqueándolo sin saber que hacer con el; y el deseo iba desprendiendo una agüilla acre y ácida que le iba abrasando la lengua poco a poco. Hasta que al fin, todo llagado y dolorido, el enano soltó una lágrima, se agarró bien a los cabellos del gigante y dejo salir al deseo, que se escurrió silbante entre sus labios y le hizo decir las primeras palabras en la Tierra: “Quiero que me digas que me quieres.”
Entonces los cielos se rasgaron con un estruendo bárbaro, los pájaros cayeron muertos sobre el suelo, las panteras degollaron a los corderos, enanos y gigantes se asesinaron entre ellos, comenzó a escaparse el tiempo, surgieron los géneros, como evidencia de sus limitaciones, y así perdieron el paraíso: la palabra los hizo desdichados y humanos.

sábado, 21 de marzo de 2009

Cárcel De Hormigón Sin Flores

Llueve. Mientras estoy aquí encerrada entre estas cuatro paredes
me pregunto que pasaba por la mente de la persona a la que se le
ocurrió construirlas, me pregunto por que incoherente motivo
prefirió mantenerse encerrado, construir una pequeña cárcel privada,
sin poder tocar la lluvia.
Salgo hacia afuera, la observo, la toco, la siento, es lo único real,
lo demás que me rodea simplemente es invisible, no existe,
nunca ha sido real.
Gotas gruesas y cálidas se estrellan deliberadamente sobre mi piel,
y de la calle se desprende un aroma a tierra mojada, es como respirar
el perfume de la vida, tan embriagador como una droga.
Observo como la lluvia cae con fuerza sobre el asfalto,
como si intentara destruirlo, traspasarlo, para llegar a la tierra,
humedecerla y hacerla renacer.
En ese preciso instante el cielo reventó sobre mi cabeza,
temí quedarme ciega, pero con una ceguera especial,
la ceguera del que ve demasiado.
Porque, cuando los rayos se encendieron, la calle se puso lívida,
como las calles de los malos sueños, y el cielo
perdió su disfraz y revelo su auténtica sustancia.
Las tormentas limpian el aire, y la lluvia de tormenta
limpia las malas memorias...
Pero cuando la tormenta se detiene, todos los viajes
terminan convirtiéndose antes o después en una pesadilla.
Nuevamente la realidad, golpeándome la cara, obligándome a despertar.
Nuevamente el orden, la desidia, el miedo, el silencio, la frustración
los mismos rostros sin caras, las misma calles que no dicen nada,
las mismas frías y vacías miradas.
Nuevamente siento que me estoy ahogando, que no hay nada,
no hay rincones, no hay a donde escapar.
Entre bloques de cemento, odio y hiel, nuevamente encerrada,
observaba una flor que acababa de nacer,
mientras que otras miles mueren
porque en este infierno gris, no se les permite ser...